Mi tesis de licenciatura

LA BELLEZA FEMENINA AYER Y HOY

 1. EL CONCEPTO DE LA BELLEZA FEMENINA

1. 1 El misterio de la belleza

No hay una definición unívoca de belleza: la hermosura es algo que atrae, que impresiona, que induce a fijar la mirada sin reprimir una sensación de maravilla, incluso de éxtasis.

Lo bello es bueno”,[1] escribe Platón. “La belleza es verdad y la verdad belleza”,[2] declara en sus versos John Keats.

Es difícil establecer qué es realmente la belleza: se podría definir como “una propiedad de los cuerpos”, propiedad que se estudia desde siempre y que todavía no se ha conseguido comprender enteramente ni definir de manera unívoca. De tiempo inmemorial filósofos, literatos y artistas se han interrogado sobre el concepto de belleza femenina y han acuñado muchos aforismos.

Para el escritor romano Séneca, la verdadera belleza se encuentra en la armonía y proporción: “Una mujer hermosa no es aquella a la que se le alaban las piernas, sino aquella cuyo aspecto global es de tal belleza que no existe la posibilidad de admirar las partes individuales”.[3]

El dramaturgo noruego Henrik Ibsen, en cambio, pone énfasis en la relatividad de la belleza femenina: “¿Qué es la belleza? Una convención, una moneda que tiene curso en un tiempo y en un lugar”.[4]

Otros pensadores subrayan de ésta el carácter fugaz y efímero:

Lo bello es lo que se coge en el momento en que ocurre”[5](Muriel Barbery);

Cuando conseguimos ver la belleza, ella siempre se ha perdido”[6](Mario Soldati);

Pasa la belleza, como perfume al aire, y su recuerdo será un arrepentimiento”[7]

escribe el escritor y poeta italiano Bazzero.

Definir la belleza en todas sus infinitas facetas es casi imposible, pero un dato es absolutamente irrefutable: la belleza es algo que genera placer en quien la posee y en quien la observa.

Desde siempre las mujeres han deseado ser hermosas, pero ciertamente nunca como hoy. En la sociedad actual, en efecto, se ha impuesto un verdadero culto del cuerpo y la belleza exterior parece ser más importante que las cualidades morales e intelectivas: una verdadera obsesión, un objetivo que hay que alcanzar a toda costa, recurriendo, si se necesita, a lifting, retoques varios, hasta verdaderas intervenciones quirúrgicas para adelgazar algunas partes o rellenarlas otras.

Pero el mito de la belleza no es cierto una prerrogativa exclusiva de nuestra época, si desde hace más de un siglo y medio el filósofo francés Paul Valéry afirmaba: “La definición de lo bello es fácil: es lo que desespera”.[8]

Alcanzar y mantener la tan anhelada belleza, en efecto, es a menudo una lucha desesperada: es por esto que a menudo ser hermosos significa también ser infelices.

El ideal corpóreo es frecuentemente innatural y por lo tanto difícil a alcanzar; durante la historia las mujeres han tenido que sacrificarse y han padecido para alcanzarlo.

Desde siempre ellas han intervenido sobre su propio cuerpo de manera también violenta, sometiéndose a verdaderas torturas con el fin de entrar en los modelos estéticos del momento: desde los corsés de ballenas, usados por las mujeres del Setecientos y Ochocientos para estrujarse, hasta romperse las costillas con el fin de tener una cintura de avispa, hasta los vertiginosos tacones de aguja de época más reciente  que se ponen para hacer las piernas más largas y esbeltas.

Dada la extrema dificultad para definir la belleza, concepto no absoluto y extremamente mudable, se puede concluir con la afirmación  del célebre artista Munari: “Si queréis saber algo más sobre la belleza, qué es exactamente, tenéis que consultar un libro de historia del arte y veréis que cada época tiene sus venus y que estas venus,  puestas juntas y comparadas fuera de sus épocas, son una familia de monstruos. No es bello lo que es bello, dijo el sapo a la sapa, sino que es bello lo que nos gusta”.[9]

1. 2 Cánones de bellezza femenina

Cada pueblo, a lo largo de la historia, ha definido la belleza según los cánones de su propia cultura y siempre ha tenido la pretensión de establecer un criterio de belleza reconocido a nivel universal, pero éste inevitablemente siempre ha mudado con el paso del tiempo. El ideal estético es el resultado de construcciones socioculturales, porque es modelada y plasmada por la sociedad y la cultura del momento y, como tal, está sujeta a mudar en relación con el mudar de las modas, de las costumbres y de las tradiciones.

Cada época histórica ha tenido su modelo de belleza ideal, documentado por las fuentes literarias e iconográfica, que desde siempre se han inspirado a la figura femenina. La manera de representarlas  y el papel simbólico que desarrollan han cambiado durante los siglos, a la par con el variar del gusto estético y con la diferente manera de concebir el papel de la mujer en la sociedad.

2. LA METAMORFOSIS DE LA BELLEZA Y DE LA IMAGEN FEMENINA EN LA HISTORIA

2. 1 La prosperidad de las venus primitivas

Desde los albores de la civilización la figura femenina, depositaria del principio de la vida y de la fecundidad, ha sido protagonista de la historia humana.

En las épocas más remotas los cánones de belleza femenina se basaban en una firme redondez. Las más antiguas pruebas se ofrecen por la iconografía prehistórica, en particular por las así llamadas Venus Paleolíticas: esculturas antropomorfas, esculpidas en hueso, piedra o marfil, que reproducen a las figuras femeninas de cuerpos extremamente corpulentos.

Ellas representan el ideal estético de los hombres primitivos: la cara, los brazos y las piernas de la mujer están apenas esbozados, mientras están extremamente marcadas las formas típicas de la feminidad, es decir el pecho y sobre todo las caderas y el vientre, para subrayar la fertilidad de la mujer y su importancia para la supervivencia de la especie. El ideal de la belleza femenina era evidentemente ligado a la fecundidad: la mujer se consideraba antes de todo como una procreadora.

Todas estas características son particularmente evidentes en la Venus de Willendorf,[10]

 una pequeña estatua calcárea que data del Paleolítico Superior (30.000 – 25.000  a.C.) y considerada una de las más antiguas representaciones femeninas.

El ideal estético de la mujer de las formas llenas y abundantes, íntimamente ligado a la imagen de la procreación, se ha perpetuado durante los siglos y se encuentra en todas las antiguas civilizaciones que preceden la helénica.

2. 2 La belleza femenina en el Antiguo Egipto

Es con la civilización egipcia que se empiezan a descubrir la belleza y la armonía de la figura femenina. Son célebres la hermosura y la elegancia de las antiguas egipcias, probadas por las magníficas esculturas, pinturas, y por las obras maestras de orfebrería que han llegado hasta nosotros.

Las mujeres egipcias tienen un verdadero culto de la belleza: dan mucha importancia a la cura de su propio cuerpo y usan la cosmética para valorizarlo.

El maquillaje, utilizado para resaltar los ojos, las venas de las sienes y del pecho, confiere a la figura femenina sensualidad, fascinación, gracia, magnetismo y seducción: todas las características de la belleza femenina en el Antiguo Egipto.

Por lo que se refiere a la estructura física, los cánones estéticos no son fijos, sin embargo las representaciones que han llegado hasta nosotros muestran figuras esbeltas y con miembros menudos, pero no demacrados, en las cuales las típicas curvas femeninas están bien dibujadas: no es un caso que estamos todavía en una sociedad en la que el papel predominante de la mujer es el de procrear.

2. 3 La perfección de la Antigua Grecia

Es solo a partir de la Grecia clásica (V sec. a.C.) que se imponen verdaderos cánones estéticos. A la idea de belleza los antiguos Griegos asocian los conceptos de gracia, medida y sobre todo proporción: un cuerpo es bello cuando hay equilibrio, simetría y armonía entre todas sus partes y entre cada una de éstas y la figura entera.

El cuerpo femenino, visto a través del arte griega, es un cuerpo de gran belleza y armonía, cuyas proporciones optimales hacen de éste aún hoy un ideal de perfección.

El físico femenino más apreciado es blando y lozano, con caderas anchas, pecho y nalgas no demasiado marcadas, pero redondas y firmes.

El perfecto ideal de belleza femenina es la Venus de Milo (fines del II siglo a.C.), una obra maestra de fama mundial. La figura femenina todavía presenta formas blandas y curvas marcadas, que le confieren una gran sensualidad. La belleza del cuerpo de la diosa, reconocida también en nuestros días, a distancia de más de dos milenios, prueba como los antiguos Griegos han efectivamente ideado los cánones de belleza perfectos.

2. 4 La mujer en la Roma Imperial

El estereotipo de la belleza femenina en la antigua Roma es la matrona de cuerpo escultural, es decir abundante (de Juno, la principal diosa romana).

La matrona del imperio no sólo es opulenta en las formas, sino es también llena de maquillaje y joyas, y vestida de modo lujoso y suntuoso, como opulenta, lujosa y suntuosa es la Roma de la edad imperial. La mujer romana cuida mucho a su propia persona: utiliza cremas y cosméticos y, para mejorar su aspecto, recurre hasta a espesar la cabellera poniéndose el pelo indiano (oscuro) o germánico (rubio o rojo).

Para los nobles romanos, la mujer, de cuerpo lozano, vistosamente maquillada, enjoyada y lujosamente vestida, tiene que representar la riqueza y la generosidad del marido.

2. 5 La virgen medieval

En el Medievo el proceso de cristianismo determina un cambio radical en la manera de ver la figura femenina. El cuerpo de la mujer, sobre el cual incumbe el pecado de Eva, se considera como fuente de perdición y la belleza física prerrogativa del Mal. La austera moral medieval impone nuevos cánones estéticos: el cuerpo de la mujer tiene que ser delgado e inmaduro para demostrar su castidad y pureza, con las caderas delgadas, el pecho apenas esbozado, pero el vientre prominente, índice de un futuro fecundo como madre. El encarnado reluce del candor de una azucena o de la nieve, precisamente para subrayar la naturaleza virginal de la mujer.

En la iconografía medieval prevale la representación mística y hierática de la figura femenina y se representan sobre todo Vírgenes y santas, siempre relacionadas con el papel salvador que ellas desarrollan.

2. 6 La mujer renacentista

Durante el Renacimiento se verifica una verdadera revolución estética, que afecta sobre todo a las mujeres. Los cánones de la belleza femenina cambian radicalmente: del estereotipo medieval de la mujer al natural, del físico de la adolescencia, delgado, con las caderas estrechas y el pecho pequeño, se regresa al modelo de belleza de las venus griegas, de formas redondeadas, caderas anchas, vientre marcado, pecho abundante y encarnado pálido, así como está representado en el pintado de Tiziano Venus del espejo.[11]

Es significativo que al nuevo ideal del siglo XVI, que propone una mujer rellenita y lozana, también corresponda, en las clases sociales más altas, la difusión de nuevos hábitos alimentarios, altos en grasas y azúcares, como se puede deducir de los libros de cocina del tiempo.

El pintado que mejor traduce el ideal renacentista de la belleza femenina es “Venus y Marte”[12]de Botticelli: Venus, la diosa del amor, está frente a frente a su amante Marte, dios de la guerra, que se ha quedado dormido presumiblemente después de hacer el amor con ella. Esta figura idealizada refleja todos los cánones estéticos de la belleza femenina en el Renacimiento: la frente alta, el mentón bien definido, la piel pálida, el pelo rubio, las cejas altas y delicadas, la nariz fuerte, la boca pequeña y los labios carnosos. El cuerpo tiene formas marcadas: pecho abundante, abdomen redondeado y caderas anchas.

2. 7 La Venus barroca

La armoniosa y elegante belleza de la mujer renacentista se acentúa cada vez más hasta desembocar en las exageraciones del Barroco.

A partir de la finales del siglo XVI se verifica un cambio en los cánones estéticos femeninos: la mujer se convierte en una Venus provocativa, de formas abundantes y una pizca de malicia y erotismo en la mirada.

Cara, cuello, pecho, manos tienen que ser de color blanco, color asociado a la pureza, que distingue claramente los ciudadanos de los despreciados habitantes del campo, que por su trabajo están expuestos al sol durante todo el día.

Además del encarnado cándido, la mujer barroca tiene que tener el pelo espeso y absolutamente rubio, la piel clara y luminosa, los ojos oscuros, grandes y expresivos, la boca pequeña pero carnosa, las manos blancas, las espaldas anchas, los muslos llenos y la cintura muy esbelta, el pecho abundante, las piernas largas y los pies pequeños.

Las fuentes iconográficas confirman estos cánones estéticos: los pintados de Rubens y de Rembrandt se pueden considerar igualmente manifiestos del ideal de belleza del época: los cuerpos, de marcadas curvas, son llenos y sensuales, la piel es suave, cándida y lisa y el pelo rubio dorado.

2. 8 La dama dieciochesca

A imponer los cánones estéticos del siglo XVIII son las cortes, sobre todo la de Francia. Los retratos de la reina María Antonieta de Habsburgo-Lorena ejemplifican bien el estereotipo femenino de aquella época: encarnado todavía rigurosamente blanco, cara cubierta por una espesa capa de albayalde, mejillas y labios arreboladas, las cejas marcadas y bien dibujadas, frente alta y amplia, peinado muy elaborado.

Pero el atributo femenino por excelencia, símbolo de seducción y feminidad, es la cintura de avispa, que no tiene que ser mayor que 40 centímetros. Según los cánones del tiempo, una mujer hermosa tiene que tener una circunferencia de cintura que un hombre puede circundar con dos manos.

Para aumentar su sensualidad, las mujeres del siglo XVIII juegan con lunares postizos, considerados imprescindibles atributos de belleza y fascinación.

Los peinados son muy elaborados y llamativos, con añadidura de velos, flores, moños y hasta jaulas de pájaros.

2. 9 La musa romántica

El siglo XIX es todo lo contrario del siglo anterior: si en el Barroco la contraseña era magnificencia, en la época romántica hay un regreso a la naturalidad.

En la primera mitad del siglo, entre los artistas y algunas damas, se impone la idea de belleza sugerido por la novela gótica, que exalta los sufrimientos interiores, los arranques de la pasión y las lágrimas. Triunfa la belleza diáfana, encarnada por la musa romántica, pálida, delgada, con ojos grandes y febricitante, expresión atormentada y labios rojos que contrastan con el blancor de la cara.

Los pintados de Hayez “Pensamientos melancólicos” (1842) y “La Meditación” (1851) ponen en evidencia estos ideales estéticos.

Pero el siglo XVIII es también el de la definitiva afirmación de la burguesía, que marca el nacimiento de nuevos modelos de vida y nuevos hábitos; paralelamente se impone un nuevo ideal de belleza femenina, que coexiste con el de la musa romántica.

El prototipo de la rica señora burguesa tiene formas marcadas, espaldas redondas y anchas, cara tranquila y sonriente: sin nada masculino, es el retrato de la feminidad y de la salud. Su belleza consiste sobre todo en las marcadas curvas, símbolo de bienestar social y de maternidad llevada a cabo.

Las figuras femeninas retratadas por los pintores impresionistas encarnan bien el ideal de la rica señora burguesa. Son un ejemplo de esto los pintados de Monet “La mujeres en el jardín” (1866) y “Mujer con sombrilla” (1886).

3. LOS NUEVOS IDEALES ESTÉTICOS DEL SIGLO XX

3. 1 El siglo XX: una época de cambios

El siglo XX se contraseña por eventos de extraordinaria envergadura histórica: no solo es el siglo de dos grandes conflictos mundiales, sino también de la emancipación femenina, de la entrada de la mujer al mundo laboral, de las grandes batallas feministas. Todos estos cambios de carácter político, económico y social tienen profundas repercusiones sobre el universo femenino: cambia la condición de la mujer y su papel en la sociedad, y en consecuencia cambia su manera de percibir, exhibir, cubrir su propio cuerpo.

El siglo XX vio los mayores y más repentinos cambios por lo que se refiere a los cánones de belleza: se ha observado que más o menos cada 10-15 años ha ocurrido una revolución estética, que ha determinado la afirmación de nuevos modelos de belleza femenina, nuevas modas y nuevos estilos de vida.

Es interesante, por lo tanto, fijarse en cada una de las etapas que han marcado la evolución de los cánones estéticos, a partir del finales del siglo XIX.

3. 2 La mujer de la Belle Epoque

Los años de la Belle Epoque coinciden con el nacimiento del cine, de la radio y del automóvil: es una época de gran bienestar, caracterizada por despreocupación y optimismo, aunque el mundo se está preparando para el gran conflicto.

El teatro, el cine y la fotografía difunden nuevos estilos de vida, nuevos modelos estéticos y de comportamiento, símbolo de estatus, tendencias, que se propagan velozmente.

La mujer de la Belle Epoque tiene una línea sinuosa y esbelta de típica forma de S: cintura minúscula, pecho empujado de manera innatural hacia adelante gracias a un nuevo modelo de corsé que achata el vientre, pone en evidencia las caderas, amplia las espaldas y empuja atrás la pelvis, arqueando el cuerpo posterior y dando a la mujer un perfil rígido y sinuoso.

Las bailarinas, las cocottes y las mujeres inmortalizadas en los manifiestos de Toulouse Lautrecy[13] y de Leonetto Cappiello[14]son famosos ejemplos de la estética femenina típicamente Belle Epoque.

Hacia el final del siglo XIX, en el clima cultural del Decadentismo, nace el mito de la femme fatale, fascinante, altiva y sensual. Los cánones estéticos de la femme fatale no son fijos: por lo general tiene los ojos y el pelo negrísimo, cuerpo sinuoso, labios carnosos, mirada magnética. La femme fatale es la gran seductora, perversa, cruel y emancipada, la personificación misma de la sensualidad.

Para indicar esta figura de mujer de fascinación seductora, emancipada y predadora, el cine americano acuña la palabra vamp. El primer estereotipo de femme fatale es la actriz de Hollywood del cine mudo Theda Bara.

La femme fatale es la protagonista de la iconografía de la edad del Decadentismo.

El pintor austríaco Klimt[15] rinde homenaje a esta figura de mujer, sensual y destructiva, en sus obras maestras “Giuditta I” (1901) y “Giuditta II” (1909)[16]: ambas femmes fatales, dotadas de una gran carga erótica, y connotadas de cara enigmática, la piel blanquísima y el peinado larga y corvina.

3. 3 La mujer en los años de la Gran Guerra

El fervor optimísta del inicio del siglo se elimina velozmente por el estallido de la 1era Guerra Mundial, que causa destrucción y muerte en gran parte de Europa y marca la decadencia temporal del ideal estético basado en la extrema feminidad y elegancia impuestos a principios del siglo XX.

La mujer descuida la cura del cuerpo y no se preocupa del aspecto exterior y tiende a asumir caracteres andrógenos.

3. 4 La garçonne de los años Veinte

Después del periodo de privación de la guerra, los años Veinte se abren con una nueva época de bienestar y optimismo. La sociedad está invadida por una nueva sensación de libertad y esperanza que hacen que este decenio se llame los Años rugientes.

El ideal de belleza femenina cambia radicalmente: cae el mito de la femme fatale y se impone la garçonne, así llamada por la forma del pelo, que, por la primara vez en la historia, se corta a la maschietta. Ahora la mujer, como una eterna adolescente, tiene que tener el pecho y la cintura inexistente y caderas delgadas. El estereotipo de la belleza femenina tiene una silueta plana y curvas estilizadas: cuerpo seco, delgado, con caracteres andróginos, asexuado. La mujer ahora lleva una vida más dinámica y empieza a practicar deportes, tanto para el bienestar del físico como para mejorar su aspecto. Ahora también en las mujeres se empieza a apreciar el físico atlético.

A imponer los cánones de la belleza ya no son los pintores y los escultores, sino las nacientes divas del cine mudo. El símbolo de los años Veinte es seguramente la legendaria actriz Louise Brook: hermosísima, esbelta y espigada, el prototipo de la chica flapper, que se caracteriza por la indipendencia, el anticonformismo, y en el aspecto físico por tener una figura esbelta y casi de chico, destacada por el pelo corto. La flapper es una mujer despreocupada, transgresiva, que ama los cigarrillos, el jazz, Coco Chanel[17] y tienes curvas prácticamente masculinas, sin pecho, sin caderas, suelta, ágil.

3. 5 La mujer refinada y elegante de los años Treinta

En el clima de la Gran depresión, empezada con la crisis de la Bolsa americana de 1929, la maschietta de los años Veinte se considera fuera de moda; regresa el ideal de la mujer sensual, femenina y elegante. Las mujeres sienten la exigencia de poner en evidencia de nuevo sus curvas. Vuelve en auge la mujer procaz, mediterránea, “hembra”encarnada por las grandes divas de Hollywood, desde la sexy bombshell Jean Harlow hasta la “divina” Greta Garbo.

Otro símbolo de la época es Marlene Dietrich, que encarna el rol de la femme fatale, hermosísima y sensual.

3. 6 La mujer en el periodo fascista

El régimen fascista dedica al cuerpo de la mujer una atención precisa y sistemática, tanto que se puede hablar de una verdadera política del cuerpo.

La preocupación de Mussolini es la de asegurar a Italia una nueva estirpe, robusta, sana y fuerte. El régimen impone la homologación del modelo femenino: la mujer italiana tiene que tener curvas lozanas y caderas abundantes, y ser fuerte y robusta; solo así será una verdadera madre y una buena esposa, es decir capaz de ocuparse de la casa y de la familia.

La propaganda fascista sigue asociando salud y maternidad con las mujeres fornidas, sin darse cuenta de que la realidad femenina está cambiando.

3. 7 La mujer de los años Cuarenta

Los años Cuarenta son un periodo de crisis y de grandes estrecheces: se pasa de la Grand Depresión a la Segunda Guerra Mundial, por lo tanto el clima es de extrema austeridad, también en campo estético.

El estereotipo femenino es el de la mujer rellenita, clara reacción a la crónica carencia de comida que caracteriza este periodo.

El símbolo de estos años es Rita Hayworth: apodada “la bomba atómica” por sus curvas procaces, la actriz de leonado pelo largo y ondulado, seductor y sensual, enloquece a millones de hombres.

3. 8 La mujer “todas curvas” de los años Cincuenta

Desde finales de la guerra se regresa, muy previsiblemente, a la procacidad y a la sensualidad explícita, claro indicio de las ganas de volver al bienestar.

La mujer ideal tiene caderas redondas, pecho explosivo, piernas bien torneadas: una mujer curvilínea, que no se preocupa de las dietas y de la celulitis y que constituye la esperanza después del hambre de la guerra. Es la época de las “mujeres todas curvas”.

A partir del segundo posguerra es el cine, sobre todo el americano, a proponer los nuevos cánones estéticos: las vamp rubio platino, todas superdotadas, son las inspiradoras de la moda, del look, del estilo de vida de mujeres de cada clase social.

Seguramente los símbolos de la feminidad y de la sensualidad de los años Cincuenta son Brigitte Bardot y Marilyn Monroe, con sus curvas procaces y su celebre forma “de clepsidra”.

3. 9 La mujer-palillo de los años Sesenta y Setenta

En los años Sesenta ocurre la más importante renovación generacional del siglo XX: es el periodo de la dolce vita, de las revueltas sociales, de la contestación juvenil y del feminismo. En estos años se verifica otra gran revolución estética: se impone un nuevo modelo femenino en total contratendencia respecto a la del periodo precedente. La mujer moderna ahora es joven, una eterna adolescente, alegre, despreocupada, una chica ágil y filiforme, de nuevo como la flapper de los años Veinte.

La exageración de la belleza femenina hacia los cánones filiformes ocurre con el éxito de la modelo inglesa Twiggy, delgada al límite de la anorexia. Con ella nace la mujer-palillo.

3. 10 La mujer en los últimos decenios del siglo XX

Los años Ochenta ven un renovado amor por las curvas: regresan las canónicas medidas 90-60-90 y se verifica un nuevo boom de pechos abundantes y de curvas procaces, una vez más juntado a la cintura esbelta. Todos los símbolos cinematográficos y televisivos se parecen a la estatuaria Barbie: pecho abundante, piernas esbeltas, cintura de avispa, vientre plano. Emblema no contrastado de este revival de las curvas redondeadas es Cindy Crawford, la modelo que ha desfilado para los más importantes estilistas del mundo.

Después de la paréntesis de los años Ochenta, que han revaluado a la mujer lozana, a partir del principios de los años Noventa el modelo de la pin-up se abandona de nuevo y se impone una nueva tendencia, destinada en breve a ofuscar las bellezas de aquella época.

En 1990 con la modelo Kate Moss se impone la delgadez femenina como ideal tanto estético como moral porque al cuerpo delgado y ágil se atribuyen valores como ambición, organización, poder, autoafirmación social.

4. LA MUJER EN EL TERCER MILENIO

4. 1 El culto del cuerpo

Es a partir del tercer milenio que la belleza llega a ser sinónimo de delgadez y las mujeres aspiran a ser cada vez más ligeras y andróginas.

El cambio del estereotipo femenino llega junto al nuevo papel de la mujer que, de madre y esposa, se lanza a la carrera, empezando a competir con el hombre por lo que se refiere al trabajo, en la búsqueda del poder y éxito.

Lo que más caracteriza nuestra época es la atención casi morbosa al cuerpo: es el cuerpo el centro del interés y no la persona; no cuenta mucho ser, sino aparentar, a la esencia se sustituye la apariencia, a la espontaneidad el control.

El “estar en forma” es hoy un imperativo categórico, porque el físico esbelto, liso y terso no da solo la idea del bello sino también del estar sano.

Hoy la mujer, en vez de cultivar y valorizar su unicidad, cada vez más tiende a adherir pasivamente a estándares globalizados, basados en la homologación del aspecto físico, sin darse cuenta de que son víctimas del síndrome de identificación con la colectividad, es decir de una forma de mimetismo estético, homologado y socialmente compatible.

4. 2 El acoso mediático

La comunicación de masa desde hace tiempo se ha apoderado de temas concernientes la imagen corpórea y belleza, contribuyendo a crear y difundir los bien conocidos estereotipos. Los mensajes son indirectos, pero hasta demasiado claros: “Si eres delgada, puedes ser feliz, popular, tener éxito en todos los campos, del amor al trabajo”. El ideal de la delgadez, por lo tanto, no asume solo un significado estético, sino se asocia a valores más profundos, a la apreciación y a la aceptación social La regla principal, por lo tanto, es que ser hermosas significa ser delgadas, grácil, esbeltas.

El acoso mediático, dirigido sobre todo a las mujeres, no hace más que proponer cuerpos seductores, plásticos y perfectos. La imagen de la mujer que los medios de comunicación de masa difunden no es el retrato de una condición real, sino la representación simbólica de un modelo que sigue ideales y aspiraciones colectivas, pero que es imposible a alcanzar.

4. 3 El estereotipo de la modelo

Hoy es sobre todo el sistema de consumo de la moda que construye, a través de las modelos, los estereotipos de la belleza femenina.

Altísimas, esbeltísimas, elegantísimas, las modelos encarnan el ideal estético de la mayoría de las chicas de hoy: es éste el modelo que las revistas de moda femeninas dan como símbolo de la mujer de éxito, de la mujer que ha ganado en la vida.

Es un input cultural muy fuerte, que se añade a los otros más que nos acosan cada día y que se dirigen todos hacia la misma dirección: lo importante en la vida es ser perfectas, hermosísimas, vencedoras.

Es cierto que los estilistas, los “maestros del gusto”, han contribuido a crear una idea de mujer en la que la belleza es sinónimo de delgadez extrema y perfección aritmética de las medidas del cuerpo femenino.

Claramente es un modelo de pseudo belleza que hace inferior a la mujer, proyectándola hacia una guerra perpetua y perpetuamente perdida con su mismo cuerpo.

4. 4 La belleza-delgadez a toda costa

La dieta es el sedante más potente de la historia de las mujeres”[18]

La actual sociedad occidental, cada vez más basada en el mundo de la apariencia y de la exterioridad, expone insistentemente la población a un ideal estético de delgadez y a una ilusión que éste se pueda alcanzar con un mínimo esfuerzo.

La delgadez, exhibida, fotografiada y photoshopeada, ha llegado a ser un imperativo ético. Ser delgadas, tónicas y estar en forma es la ambición de todas las mujeres, jóvenes y menos jóvenes: todas aspiran a tener un cuerpo perfecto, en línea con la moda y la tendencia.

El ideal de belleza estandarizado y fuera de la realidad, que exalta la perfección y demoniza la grasa, fuerza a las mujeres a una continua automonitorización de su propio físico y a prácticas para modelarlo. La dieta parece ser así la solución de cada problema, promesa de felicidad y éxito, que pero pronto se demuestra poco eficaz porque los verdaderos problemas son otros y no el peso.

El grupo más afectado por la ya difusa obsesión de la delgadez es el de las más jóvenes, acosadas continuamente por las imágenes de la “belleza a toda costa” que la sociedad contemporánea propone de manera obsesiva.

La insatisfacción por su propio cuerpo y la manía de la dieta han aumentado en los últimos años con una rapidez impresionante. Las chicas son seguramente las más afectadas, pero en realidad casi ninguna consigue sustraerse a la dictadura del “más delgada más feliz”. El nuevo fenómeno del dieting, es decir la tendencia a estar siempre a régimen, conlleva vivir una relación enferma y conflictiva con la comida y con su propio cuerpo: se habla de una verdadera droga de la cual no se consigue salir. La obsesión induce a buscar soluciones fáciles y veloces para poder alcanzar el objetivo, sin considerar las consecuencias devastadoras de malos hábitos cotidianos a medio y largo plazo.

4. 5 La belleza construida

Un tiempo teníamos el elixir de juventud, hoy la cirugía plástica. Como decir que el hombre siempre está a la persecución de sueños regularmente desastrosos”[19]

(Paolo Manetti)

En la sociedad de hoy, en la que el aparecer es cada vez más importante y las imágenes tienen más poder que las palabras, la belleza es un imperativo, una lucha cotidiana de enormes proporciones entre el ser y el aparecer, entre cuerpos reales y cuerpos idealizados. Es esencial ser hermosas, hermosas como las divas de la pequeña pantalla, como las modelos, perfectas y cada vez más inalcanzable.

Emular aquellos cuerpos y aquellas caras hermosísimas se vuelve el objetivo de muchas mujeres, sobre todo de las adolescentes.

La única solución es encomendarse a las “hábiles” manos de los cirujanos estéticos, capaces de acceder a cada deseo de belleza. Hacer uso del bisturí, la moderna varita mágica, es la manera escogida por las mujeres para realizar el sueño de tener el cuerpo de una modelo o de la diva del momento. Cada parte del cuerpo se puede modificar y a menudo se desea intervenir quirúrgicamente sobre éste con la esperanza de mejorar su propia vida, dado que en la sociedad actual la belleza a menudo se asocia a la realización social y afectiva.

Pero lo que hace reflexionar es la evolución de la paciente tipo: ya no son solo señoras adultas que recurren al cirujano para corregir los signos del tiempo, sino cada vez más a menudo son mujeres jóvenes y todavía atractivas que aspiran a ser aún más hermosas, y hasta las menores.

Muchas chicas empiezan a guardar el dinero o a hacer pequeños trabajos para ganar algo y poder permitirse ya a la edad de 18 años algún retoque. Entre las más jóvenes se difunde la moda de pedir como regalo por sus dieciocho años o por el bachillerato un pecho nuevo, más voluminoso, pensando que curvas más abundantes les asegurarán mayores probabilidades de éxito en la vida, en la carrera y en el amor.

Y por fin encontramos los casos límites de aquellas mujeres que se someten a una decena de intervenciones de cirugía estética para cambiar radicalmente su propia imagen. Un ejemplo es Valeria Lukyanova, la modela ucraniana de veintiún años que parece que ha gastado hasta 800 mil dólares en cirugía estética para trasformarse en un Barbie en carnes, huesos y silicona. Pelo rubio y larguísimo, encarnado perfecto, pómulos altos, ojos de color azul intenso, labios carnosos, pecho abundante, cintura de avispa, caderas estrechas y piernas delgadísimas: todo como la muñeca más famosa del mundo, símbolo de belleza por excelencia.

Si la perfección no fuera una quimera, no tendría tanto éxito”[20] (Honoré de Balzac)

No hay que demonizar el hecho de que hoy la cirugía estética sea, desde el punto de vista económico, casi al alcance de todos. Las perplejidades surgen cuando se quieren alcanzar estándares de belleza inalcanzable y se llega a ser víctimas de un síndrome de identificación con la colectividad, que nos induce a sacrificar nuestra individualidad en nombre de los modelos homologados impuestos por la sociedad de la imagen y del efímero. Y el resultado es que las mujeres han llegado a ser todas postizas, llenas de silicona, infladas artificialmente y absolutamente no naturales. Ya no hay nada auténtico en estas bellezas homologadas, casi en serie: verdaderas “muñecas” que con la famosa Barbie tienen en común no solo las curvas, sino también la reproducibilidad y la artificialidad  de los materiales.

4. 6 La belleza que mata

“Pesaba 46 kilos y era alta un metro y 72, sin embargo se veía demasiado gorda; por lo tanto comía sólo un tomate, una manzana o una rodaja de sandía de vez en cuando, pero incluso con lo poco que tenía en el estómago después de un cuarto de hora iba al baño y vomitaba.”, ha contado su compañera de piso.

Cuando llegó a pesar 40 kilos, la modelo brasileña Ana Carolina Reston murió de anorexia a veintiún años: enésima víctima del despiadado mundo de las pasarelas, donde si no respondes a los cánones de delgadez extrema te excluyen. Era el año 2006. A partir de entonces la lista de las chicas inmoladas al tanto “dorado” cuanto efímero mundo de la moda ha seguido alargándose.

Pero la anorexia tiene los ojos y el cuerpo desnudo de Isabelle Caro, la modelo francesa muerta en 2010, víctima de una enfermedad durada 15 años, que la había reducida a pesar 31 kilos. Poco antes de morir, la chica había aceptado el rol de testimonial en la campaña choque lanzada por Oliviero Toscani para sensibilizar la opinión pública italiana sobre el drama de la anorexia. “Me he escondido y cubierto por demasiado tiempo- había declarado en una entrevista Isabelle- ahora quiero mostrarme sin miedo, aunque si sé que mi cuerpo repugna”.

La anorexia, que es un lento suicidio, está asumiendo proporciones alarmantes en todo el mundo occidental, sobre todo entre las adolescentes: fenómeno en gran parte debido a la enorme propaganda que impone un cierto estándar de belleza femenina.

En estas últimas décadas la edad mínima en que empieza la anorexia nerviosa se ha notablemente reducida y también se ha notablemente extendido su campo de acción. Del mundo atractivo de las pasarelas y de la austeridad de las escuelas del ballet, en efecto, la anorexia ha pasado a una dimensión más cotidiana, individual y privada. Los cuerpos dramáticamente esqueléticos ya no son solo los de las modelos o de las bailarinas, no pertenecen solo a nombres famosos, sino son los de cualquier chicas, las que encontramos en el supermercado, el gimnasio o por la calle. Y proprio por esto aún más dramáticamente verdaderos y atormentados.

Cuerpos debilitados que llegan a ser cada vez más osudos y angulosos, costillas que sobresalen, piernas y brazos que parecen bastones cubiertos de piel, caras hundidas y demacradas, ojos sin expresión. Y siempre un perenne estado de inadecuación, de laceración, de obsesión y una relación extenuante y destructiva con la comida, cuyo rechazo equivale cada vez más a un rechazo de su propia persona. Todo esto para conformarse a las imposiciones de la moda.

Si hasta hace unos años el mal que causaba víctimas más jóvenes en los países desarrollados era el SIDA, ahora hay un flagelo aún más peligroso porque actúa en modo solapado, carcome las mentes de las más jóvenes y se alimenta por nuestra misma sociedad de la imagen. Una verdadera epidemia que afecta a quien, con tal que sea delgada y ganadora, cree que puede plasmarse hasta hacerse mal. Muy mal.

Hoy en Italia más o menos el 10% de los adolescentes sufre trastornos relacionados con la alimentación. Un dato realmente alarmante es que existen más de 300 mil sitios web que alaban la anorexia y la bulimia y enseñan todas las técnicas para no comer, una especie de vademécum para llegar a ser “anoréxicas y bulímicas doc”.

Es una verdadera instigación a la adelgazamiento extremo de la cual son fáciles víctimas sobre todo las más jóvenes, considerando que los motores de búsqueda no efectúan ningún tipo de control sobre los contenidos.

Afortunadamente hoy, continuamente se lanzan campañas y peticiones con el fin de impedir a la comunidad ANA proliferar on-line, combatiendo así un fenómeno insidioso y peligroso que, en la sombra de la red, mata a centenas de chicas.

4. 7 El business de la belleza

Que la belleza puede traducirse en un recurso económico ya lo había intuido, casi hace dos siglos, el poeta Gioacchino Belli, que a ésta dedicó un célebre soneto en dialecto romano.

Una serie de estudios realizados separadamente por investigadores italianos, americanos y alemanes ha confirmado que ser hermosos y delgados ayuda a encontrar trabajo; se ha descubierto que las mujeres más hermosas tienen trabajos más gratificadores y mejor pagados. Es bien noto que hoy se necesita la buena presencia para casi todos los trabajos que implican estar en contacto con el público: entre muchas aspirantes para un puesto como dependiente o camarera, el empleo se dará a la más hermosa. La conclusión es más que obvia: la belleza paga.

Si la belleza es un valor para quien la tiene, lo es aún más para quien del mito de la belleza saca conspicuos provechos y se aprovecha para finalidades comerciales de la obsesión de las mujeres de gustar y gustarse.

Sobre el sector belleza, en efecto, gira un volumen de ventas de proporciones exorbitantes: la industria de las dietas, de los cosméticos, de la cirugía estética, son todas relacionadas con el mito de la belleza y, dado que ganan por su perpetuarse, invierten mucho para que esto ocurra. El mensaje es demasiado claro: “si te esfuerzas y gastas mucho, tendrás un look y la forma justa, por lo tanto tendrás éxito y felicidad!” Es en su interés hacerlo creer.

Y las dietas no son más que un expediente de marketing para vender productos adelgazantes y alimentos light. Sin contar los mil millones que se gastan en los gimnasios, en los centros de bienestar, en los solárium, en los institutos de belleza, en los centros fitness y en las clínicas privadas.

Chicas y mujeres de todas las edades se acongojan a la búsqueda de la perfección: adelgazar, rejuvenecer, tonificarse, “retocarse”, broncearse, someterse a ciclos de masajes llegan a ser imperativos categóricos. La dictadura de la belleza impone alisar, adelgazar, tonificar, achatar, aspirar, rellenar.

Frente a la necesidad de arreglarse no hay crisis, y entretanto las industrias de la belleza lucran sobre las inseguridades y debilidades de las mujeres.

La industria de adelgazamiento y la farmacéutica, el business de la cirugía estética, la obsesión de la delgadez de la moda sopalancan sobre nuestra frustración de no ser perfectas y nos inducen a odiar nuestro cuerpo si no responde a los cánones impuestos, incitándonos a hacer todo lo posible para entrar en el así llamado c.u.b.o., el canon único de belleza homologada.

Con la promesa de permitirnos perder los kilos en exceso, teletiendas, revistas e Internet nos proponen novedades absurdas, inútiles o hasta peligrosas. De todos estos “milagrosos” descubrimientos lo único cierto es que vacían nuestro billetero y dejan afluir mil millones de euros a los bolsillos de quienes los vende aprovechando de nuestra credulidad.

De una reciente indagación del Quality Life Institute, una agencia de estudio relacionada a las universidades italianas y las extranjeras, ha resultado que el mercado de la belleza tiene una facturación de más de veinte mil millones de euros, interesa transversalmente decenas de sectores y afecta a más de la mitad de los Italianos. Y el volumen de ventas sigue extendiéndose tanto que estimulan crecientes inversiones.

Y así, mientras las mujeres llegan a ser cada vez menos seguras de sí mismas y de su cuerpo, las empresas que trabajan para “construir” su belleza llegan a ser cada vez más fuertes, ricas y potentes.

4. 8 El mito de la belleza: un arma contra las mujeres

No puedo concluir esta mi investigación sobre la belleza femenina sin hacer referencia a un clásico del feminismo de los años Noventa, El mito de la belleza, publicado en 1991 por la escritora americana Naomi Wolf y llegado a ser un best seller internacional.

En su ensayo, que hoy no se encuentras en las librerías, la Wolf habla de “mercantilización de la belleza femenina”, tesis que en aquel tiempo pareció contracorriente y hasta provocadora y que hoy, en cambio, a distancia de más de veinte años, parece plenamente confirmada por la realidad de los hechos. La tesis de Wolf resulta actual más que nunca: el ideal de la belleza no es algo natural e innato en las mujeres, no deriva de sus necesidades y de sus inclinaciones, sino es un canon adecuadamente aprovechado y construido por el mercado para que se sientan continuamente inadecuadas y en defecto, y así sacar provecho de sus insiguridades para razones comerciales. Según Wolf, el mito de la belleza no es más que una gran mentira construida para necesidades económicas.

Si por un lado las luchas para la emancipación femenina han liberado las mujeres sobre muchos aspectos, el mito de la belleza las ha aprisionadas de nuevo.

La sociedad ha creado un ideal estético, el de la mujer perfecta, delgada, jóven por siempre, que es casi imposible a alcanzar: las mujeres, en el intendo de acercarse a este estándar de belleza, siguen disipando preciosas energías que podrían utilizar para otros objetivos en vez de gastarlas en inútiles frustraciones, ansiedades, remordimientos y vergüenza por sus defectos físicos. Ésta es la razón por la cual el mito de la belleza se define como un arma de doble filo contra las mujeres, un medio para dominarlas, para impedirles exprimir todas sus potencialidades, una “contraofensiva de la sociedad masculina para contrastar su creciente poder”. Dado que las mujeres, con su talento, pueden ser mejores que los hombres en muchos sectores.

 

¿ Por qué el orden social siente la necesidad de defenderse, evadiendo a las mujeres auténticas, nuestros rostros, voces y cuerpos, y reduciendo el significado de la mujer a estas imágenes de la belleza formuladas y reproducidas interminablemente?[21]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


[6]           it.wikiquote.org/wiki/Mario_Soldati

[7]           it.wikiquote.org/wiki/Ambrogio_Bazzero

[10]         La pequeña estatua se descubrió en 1908 por el arqueólogo Joseph Szombath en los alrededores de Willendorf, Austria. Está expuesta en el Museo de Historia Natural en Viena.

[11]         El pintado, que data de 1554-55, está expuesto en la Galería Nacional de Arte de Washington.

[12]         El pintado, que data de 1482-83, está expuesto en la National Gallery de Londres.

[13]         Pintor, dibujante y litógrafo francés (1864-1901) que contribuyó a difundir el Art Nouveau.

[14]         Ilustrador y caricaturista  italiano (1875-1942).

[15]         Una de las más importantes personalidades del Art Nouveau.

[16]         El personaje tiene referencias bíblicas: en el antiguo Testamento Giuditta es una noble viuda judía que consigue salvar su ciudad, Betulia, del asedio de los Asirios seduciendo y decapitando su general.

[17]         Famosa estilista francesa que revolucionó el concepto de feminidad con sus modelos llegando a ser una figura destacada de la moda del XX siglo.

[18]       estudioscultura.wordpress.com/…/el-mito-de-la-belleza-de-naomi-wolf/

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